Blog de consulta - Dr Massa
Temas varios para consulta
PRECISIONES DE LA PSIQUIATRÍA 3
Se conocen como “tareas de desarrollo” todas aquellas habilidades físicas, sociales, cognitivas y emocionales que es necesario adquirir en cada etapa de la vida para tener éxito en la siguiente. En el caso del adulto mayor, se han señalado: Cuidar la apariencia y la integridad física. Hacer una “revisión de vida”, es decir, hacer conscientes de manera progresiva las experiencias pasadas. Mantenerse sexualmente activa o activo. Aceptar la muerte de la pareja. Aceptar la jubilación o retiro. Aceptar los achaques y en general las fallas del organismo. Desapegarse de las posesiones. Relacionarse bien con los nietos. Lo más sano y común es que en esta etapa de la vida haya desaparecido todo deseo de acumulación, en especial de la riqueza. LOUISE PETERSON. Gran...SOLIDARIDAD
La solidaridad desplegada tras los últimos sismos, las larguísimas cadenas humanas formadas para rescatar, llevar agua y alimentos, buscar alojamiento y atender otras necesidades económicas y de higiene y salud, requieren de una explicación que rebasa con mucho los planos biológico y psicológico, pues en la mayoría de los casos no se ha tratado ni de una respuesta refleja, instintiva, ni de una reacción espontánea, puramente emocional, producto de una experiencia común. Lo que hemos visto y seguimos viendo en los numerosos grupos de jóvenes y maduros, mujeres y hombres que ponen al servicio de los más afectados sus manos, saberes y quehaceres, implica una voluntad racional, es decir una toma de conciencia de la necesidad de cooperar con el grupo social y un deseo inquebrantable de hacerlo. Eso es lo que da a esta forma de solidaridad su verdadero valor social, que incluye la capacidad de evidenciar y denunciar graves fallas y abrir caminos para nuevas formas de pensar y de actuar que produzcan los cambios sociales y políticos que son tan necesarios. EDWIN LANDSEER. Milo, perro salvador, rescatando a una...PRECISIONES DE LA PSIQUIATRÍA 2
A partir de este 19 de septiembre y en mayor o menor grado, la mayoría de nosotros estamos sufriendo Trastorno de Estrés Agudo, causado por • haber estado expuestos real o imaginariamente a la muerte propia o de algún ser querido; • por haber presenciado directamente la muerte de vecinos, compañeros de trabajo, conocidos; • por haber experimentado directamente otros sucesos traumáticos, como un derrumbe; • por haber presenciado directamente cómo les ocurría a otros ese suceso; • por estar expuestos repetidamente a réplicas sísmicas. Este trastorno suele tener una duración entre tres y treinta días a partir de la exposición al trauma y se caracteriza, entre otros síntomas, por recuerdos y sueños recurrentes relacionados con el suceso; malestar psicológico intenso, estado de ánimo negativo, sentido de realidad alterado, esfuerzos por evitar recuerdos, sentimientos o pensamientos angustiosos estrechamente relacionados con el suceso, alteración del sueño, hipervigilancia, problemas de concentración, respuesta de sobresalto exagerada y comportamiento irritable. En general, la sintomatología va desapareciendo paulatinamente en el transcurso de un mes; sin embargo, si los síntomas persisten, podemos pensar que el trastorno ha evolucionado a un Trastorno de Estrés Postraumático, cuya duración puede rebasar por mucho los tres meses. En un caso como el que nos aqueja, y a reserva de que sea posible que se practique una evaluación psiquiátrica que determine la adecuada administración de ansiolíticos y antidepresivos, son fundamentales la asistencia pública y la solidaridad de todos aquellos que puedan brindar cobijo, comida, o cobertura de otras necesidades. FRANZ MARC. Caballo...PRECISIONES DE LA PSIQUIATRÍA 1
La depresión melancólica, que es un subtipo de la depresión mayor, se caracteriza por la sensación intensa y persistente de tristeza y desesperanza, así como por la falta de deseo de realizar casi cualquier actividad, incluidas las anheladas o las que antes causaban placer. Son también síntomas característicos un mayor malestar por las mañanas, la agitación o retardación psicomotriz, la pérdida de peso que puede convertirse en anorexia, despertar de madrugada y, con toda certeza, una excesiva e improcedente sensación de culpa. ALBERTO...RESILIENCIA IV
Hasta donde hemos visto y a falta de programas de salud pública que indiquen lo contrario, parecería que la resiliencia es un factor de protección contra los trastornos mentales absolutamente clasista. Como en tantas otras áreas de la vida cotidiana, es más fácil que se recuperen de las adversidades los miembros de familias estructuradas, con educación superior, estabilidad económica, etc., que los que carecen de esos bienes a los que en una sociedad igualitaria todos tendríamos derecho. Por supuesto hay excepciones a la regla: ni los genes ni los neurotransmisores saben de clases y pueden ser igualmente susceptibles de ceder ante el trauma y rendirse al sufrimiento sin más. También tiene algo de excepcional el hecho de que, sin importar su status, en los pacientes esquizofrénicos logran mejorar sensiblemente sus niveles de funcionalidad mediante las técnicas que emplea la psicología positiva, asociadas con la resiliencia, como el fortalecimiento de la autoimagen, el autocontrol, el reconocimiento de la relación entre pensamientos y acciones etc. Hace muchas décadas que los países desarrollados cuentan con programas preventivos y de atención de prácticamente cualquier tipo de emergencia que afecte a una comunidad, como desastres naturales o provocados, epidemias, accidentes aéreos o ferroviarios etc., bajo la premisa de que es necesario que la comunidad resista el daño sin perder funcionalidad y readaptándose prontamente a la normalidad o, incluso, a una “nueva normalidad”. Algunos de esos países, que tienen guerras fuera de su territorio, enfrentan un nuevo enemigo, el terrorismo, frente al que, decía Obama, no hay que sentir pánico, sino ser resiliente. En un país como el nuestro, insuficientemente protegido por políticas públicas adecuadas,...RESILIENCIA III
Aunque hace setenta o más años que se empezó a emplear el término resiliencia asociado a la capacidad de superar el dolor, no ha sido sino hasta épocas más recientes, quizá los años 90, cuando la comunidad científica de Estados Unidos y Europa se interesó en el conocimiento de su etiología y fenotipo, no solo para estudiarla con un único método de investigación y establecer un concepto unívoco para la teoría y la clínica psiquiátrico-psicológica, sino también para entender formas de prevenir trastornos, establecer modelos inmunológicos, hallar modos de modificar patrones de riesgo y, en general, avanzar en materia de salud, particularmente de salud mental. La razón principal de que siga siendo insuficiente el conocimiento que se tiene de este “constructo” es que en él intervienen múltiples factores. Hay opiniones divergentes en relación con el grado de participación genética en favor y en contra de la resiliencia, aunque se acepta que, como mínimo, tiene un índice de transmisión hereditaria similar al de la ansiedad, o al del neuroticismo. En el campo de las neurociencias, se ha descubierto que los eventos traumáticos producen cambios en los mecanismos de neurotransmisión que pueden afectar seriamente su función, y que hay una innegable participación del sistema neuroendocrino en la prolongación en el tiempo y en la reaparición irruptiva de los malos recuerdos. Dicho de otra manera, los efectos del trauma pueden producir cambios en la neurotransmisión de dopamina, serotonina y norepinefrina, que impidan mantener la homeostasis y la plasticidad necesarias para funcionar sanamente, para superar el trauma, en fin, para ser resiliente. En las ramas humanistas, psicoanálisis, psicología, sociología, trabajo social, etc., la...Los trastornos de ansiedad son causados por factores biológicos y ambientales.
Son formas de ansiedad las fobias, los ataques de pánico, el trastorno obsesivo-compulsivo, el estrés postraumático, la ansiedad generalizada, los trastornos disociativos y la ansiedad asociada con otra enfermedad física o mental.
Entre sus síntomas característicos están: inquietud, anticipación del miedo, tensión, fatiga, llanto fácil, insomnio, dificultad para concentrarse, temblor, taquicardia, sudoración excesiva.
