El trastorno bipolar, antes llamado trastorno maniaco depresivo, se presenta generalmente en pacientes cuyas edades oscilan entre los 20 y los 30 años; se caracteriza por cambios emocionales extremos, que incluyen ánimo elevado (manía o hipomanía) o ánimo depresivo. Estos cambios son periódicos y afectan el sueño, la energía, la actividad, el juicio, el comportamiento y la capacidad de pensar con claridad.
Fase maníaca. Aunque muchas personas que sufren el trastorno funcionan en un nivel hipomaníaco que les permite ser muy energéticas y trabajar intensamente, es posible que en un momento dado entren en una fase propiamente maníaca, en la que se manifiestan síntomas como euforia, habla rápida, hiperactividad motriz, sexualidad exacerbada, falta de sueño y otros varios comportamientos impulsivos, frecuentemente autodestructivos.
En la fase depresiva, que es la más frecuente, la sintomatología es exactamente la opuesta a la maníaca: humor depresivo, disminución de la actividad motriz, habla lenta, hiposexualidad y trastornos del sueño, entre otros síntomas principales.
Se han distinguido hasta ahora distintos tipos del trastorno, que pueden incluir manía o hipomanía y depresión. Estos son:
Trastorno bipolar I. Quien lo sufre debe tener por lo menos un episodio maníaco al que precedan o sigan otros episodios hipomaníacos o de depresión mayor. En muchos casos, la manía puede propiciar una psicosis.
Trastorno bipolar II. La persona afectada debe tener por lo menos un episodio de depresión mayor y al menos un episodio hipomaníaco, nunca un episodio propiamente maníaco.
Trastorno ciclotímico. En este caso, el paciente presentará varios períodos con sintomatología hipomaníaca a lo largo de por lo menos dos años ─un año en niños y adolescentes─ alternados con periodos de síntomas depresivos, aunque menos severos que los que se presentan en la depresión mayor.
Otros tipos del trastorno incluyen los causados por consumo de ciertas drogas o alcohol, o debidos a algunas condiciones médicas, como la enfermedad de Cushing o la esclerosis múltiple.
Aunque el trastorno bipolar no es curable, es posible controlar los cambios de estado de ánimo y otros síntomas con medicación y psicoterapia.

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