Estos trastornos son el resultado de alguna clase de daño neurológico en las estructuras cerebrales, que impide conservar recuerdos o traerlos a la conciencia. En algunos casos se trata de enfermedades de avance progresivo, como el Alzheimer o la enfermedad de Huntington, o bien de la afectación inmediata de la memoria a causa de un traumatismo craneal, pero independientemente de su origen, unos y otros trastornos se ven exacerbados con la edad.
Nuestro cerebro alcanza su desarrollo óptimo en la segunda década de la vida y declina gradualmente en los años que siguen hasta la muerte. Alrededor de los 40, la mayoría de las personas empieza a notar cambios sutiles en la habilidad para recordar nombres o para realizar dos actividades simultáneas, todo ello debido a que la corteza cerebral empieza a encogerse, algunas células nerviosas se atrofian y otras reducen su capacidad de comunicación (reducción de sinapsis por pérdida de dendritas), además de que disminuye también el flujo sanguíneo.
Generalmente, este declive se advierte en las áreas que tienen que ver con la fluencia verbal o habilidad para encontrar las palabras deseadas, las funciones ejecutivas o capacidades de planear y organizar actividades, la habilidad para guardar nuevos recuerdos a largo plazo, así como la flexibilidad para cambiar de un pensamiento a otro o de una idea a otra.
El envejecimiento sigue siendo el principal factor de riesgo de los trastornos neurológicos en general, sin perjuicio de que muchos adultos mayores conserven buena parte de sus habilidades cognitivas muchos años después de iniciado el declive. En algunos casos, la conservación se debe a la biología o a la genética de la persona; en otros, a que el adulto mayor aprende a ajustarse a los cambios relacionados en la edad y aprende técnicas compensatorias que tienen que ver con las áreas en que se resienten por el deterioro. Son particularmente recomendables la práctica de ejercicios mnemotécnicos, mantener intereses intelectuales y usar la tecnología para practicar juegos de computadora que mejoran la memoria, la atención, la flexibilidad, la rapidez para procesar información y la capacidad de resolver problemas lógicos o aritméticos. Hacer ejercicio físico también es fundamental.

CAPILLA DE LA RECONCILIACIÓN, BERLÍN, ALEMANIA.
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