PSIQUIATRÍA Y NEUROCIENCIAS

En las últimas décadas del siglo 19, el joven médico Sigmund Freud orientaba sus investigaciones al estudio de la estructura más fina del sistema nervioso central con la esperanza de encontrar la base fisiológica del funcionamiento psíquico, al mismo tiempo que su práctica clínica le presentaba problemas para explicar científicamente, es decir, en un lenguaje no psicológico, sus hallazgos acerca de trastornos tan frecuentes en ese entonces como la histeria y la neurosis de angustia. En 1895 escribió una serie larguísima de consideraciones que constituía lo que se conocería póstumamente como el Proyecto de una psicología para neurólogos. En ese trabajo, que quedó inconcluso, Freud combinaba algunas hipótesis sobre las neuronas y sus “barreras de contacto”, que hoy conocemos como sinapsis, con otras acerca del aparato psíquico, que incluían sus nociones de represión y mecanismos de defensa; las cuestiones del yo y la sexualidad, así como  las diferencias entre el dormir y el sueño. Pero a pesar de estar convencido de que la investigación científica había demostrado que “la actividad psíquica está vinculada a la función del cerebro”, la falta de condiciones para lograr la “localización de los procesos psíquicos” o la falta de teorías científicas acerca de cómo es que las ideas “están almacenadas en las células nerviosas”, fueron factores decisivos para que Freud abandonara la neurología y se orientara,  no hacia la psiquiatría, sino hacia la fundamentación del psicoanálisis.

Han pasado más de 120 años desde entonces y, aunque seguimos muy lejos de comprender la extraordinaria complejidad del cerebro, con sus miles de millones de neuronas y billones de sinapsis, lo cierto es que la investigación neurocientífica parece ser fundamental para comprender algunos de los misterios de los trastornos mentales. Si bien los síntomas psiquiátricos y la expresión de los mismos no se reducen a la actividad de las neuronas, la necesidad de ofrecer cada vez mejores tratamientos a las personas que sufren trastornos mentales nos obliga a tratar de entender qué cambios en la conectividad del cerebro producen trastornos psiquiátricos tan graves como la demencia o la depresión mayor.

HOI AN, DA NANG, VIETNAM.

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