NEUROCIENCIAS Y DEPRESIÓN

El prestigiado neurocientífico Joseph LeDoux (Synaptic Self) ha señalado con precisión que hemos heredado una idea de la mente como una amalgama tripartita que incluye aquello que nos hace humanos: conocimiento, emociones y motivación. Quizá ello explica por qué la depresión mayor, que se caracteriza justamente por afectar lo que pensamos, lo que sentimos y la disposición para actuar, es una de las enfermedades psiquiátricas más graves e incapacitantes: altera toda nuestra forma de vivir y de ver el mundo.

El trastorno depresivo mayor empezó a ser comprendido mejor  una vez que se conocieron las regiones del cerebro que forman la trilogía a que se refiere LeDoux, así como su sistema de neurotransmisión, lo que permitió ver la cadena de síntomas que incluye dificultad para concentrarse y focalizar la atención, ideación suicida recurrente; tristeza persistente; falta de impulso, ausencia de placer y apatía, como el resultado de una falla o alteración de ciertos neurotransmisores, especialmente la serotonina. Estos conocimientos, aunados a la evidencia de que en múltiples ocasiones es la herencia genética la que ha convertido al paciente en un sujeto de riesgo para el trastorno depresivo mayor, hicieron posible la optimización del diagnóstico y el tratamiento de esa afección psiquiátrica que afecta a un gran número de personas en el planeta.

HOI AN, DA NANG, VIETNAM, AHORA EN UNA VISTA NOCTURNA.

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