por Fernando Massa | Feb 21, 2016 | Noticias
Alcoholismo III En general, el diagnóstico del alcoholismo se ve dificultado por las características psicológicas del consumidor y el tiempo que tarda en desarrollarse la adicción, pero en psiquiatría se cuenta con una serie de criterios de los que es suficiente que se manifiesten al menos dos en un plazo no mayor de un año para considerar que estamos ante un caso de trastorno por consumo de alcohol. Estos criterios son: Consumo frecuente de bebidas alcohólicas en cantidades crecientes o durante más tiempo del previsto originalmente. Deseo persistente de beber o fracaso continuo en los intentos de abandonar o controlar el consumo. Invertir mucho tiempo para conseguir alcohol, consumirlo o recuperarse de sus efectos. Ansias o deseo poderoso de consumir alcohol. Consumo recurrente que impide cumplir con obligaciones laborales, escolares o del hogar. Continuar el consumo de alcohol a pesar de sufrir por ello problemas sociales o interpersonales recurrentes. Como consecuencia del consumo, abandonar o reducir actividades sociales, personales o de ocio que son importantes. Recurrir al consumo de alcohol aun en situaciones en las que se corre un riesgo físico. Continuar el consumo aun a pesar de que se sufran problemas físicos o psicológicos derivados del mismo. En relación con la tolerancia, tener necesidad de consumir cantidades cada vez mayores para lograr el mismo efecto, o bien que, tras el consumo de la misma cantidad, el efecto sea cada vez más reducido. En relación con la abstinencia, presentar síntomas característicos como temblor en las manos, insomnio, náuseas, etc., o bien, tener que consumir alcohol u otras sustancias similares para aliviar o evitar los síntomas de...
por Fernando Massa | Feb 15, 2016 | Noticias
Alcoholismo II Son muchos los factores que pueden intervenir en la decisión de beber, pero no necesariamente iguales a los que conllevan el riesgo de desarrollar adicción al alcohol. En la iniciación a la bebida influyen factores sociales y psicológicos, pero como ocurre con otros trastornos psiquiátricos, un alto porcentaje de los casos de alcoholismo se explica mejor por una predisposición genética, que se asocia con esos otros factores. Dan soporte a las teorías genéticas del alcoholismo los hallazgos en el sentido de que el riesgo de desarrollar dependencia alcohólica es entre tres y cuatro veces mayor en las personas que tienen familiares alcohólicos cercanos, y el riesgo aumenta mientras mayor sea el número de familiares y mayor el grado de severidad de su adicción. En los casos de gemelos idénticos alcohólicos se ha demostrado que existe similitud y concordancia en el grado de severidad de la adicción, y los estudios de adopción han revelado un alto riesgo en el hijo de padres alcohólicos, aun cuando haya sido separado muy temprano de su familia biológica y no tenga conocimiento de su adicción. Desde el punto de vista de la psicología, se ha observado que las personas con problemas relacionados con el alcohol reportan que la bebida les ayuda a disminuir su sensación de nerviosismo y les permite soportar el día a día. El psicoanálisis asocia el alcoholismo con una fijación en la etapa oral y muy cerca de esta explicación está la teoría psicodinámica que considera que el alcohólico tiene una personalidad adictiva, que lo hace propenso a perder el control de la bebida y la comida. Es particularmente...
por Fernando Massa | Feb 8, 2016 | Noticias
Alcoholismo I En el mundo occidental, el alcoholismo es uno de los trastornos psiquiátricos más comunes. Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 3.3 millones de personas mueren cada año por problemas relacionados con el abuso de alcohol. Está clínica y científicamente comprobado que el alcohol causa cambios agudos y crónicos en prácticamente todos los sistemas neuroquímicos, y su abuso puede producir síntomas psicológicos temporales como depresión, ansiedad, e incluso psicosis. El aumento en los niveles de consumo de alcohol a largo plazo produce tolerancia y adaptación física, por lo que su supresión puede precipitar el síndrome de abstinencia, caracterizado en bebedores moderados por temblor, debilidad, escalofrío, cefalea, deshidratación y náuseas; en grandes bebedores, los síntomas pueden llegar a producir delirium tremens, que agrega a la ansiedad otros síntomas más graves como desorientación, depresión profunda, convulsiones (epilepsia alcohólica) y alucinaciones. En casos más graves, pueden presentarse el síndrome de Korsakoff, caracterizado por la pérdida de la memoria reciente, y la encefalopatía de Wernicke, que genera movimientos anormales, confusión y cambios de carácter. Además de los daños hepáticos, gastrointestinales, metabólicos y de tensión arterial, que causa el alcohol en los grandes bebedores, los trastornos psiquiátricos que con más frecuencia se asocian con el alcoholismo son: personalidad antisocial, depresión, ansiedad y suicidio. En la siguiente entrega veremos algunas explicaciones psicológicas, sociales y genéticas en torno a la adicción al...
por Fernando Massa | Feb 1, 2016 | Noticias
El uso de sustancias tóxicas ha acompañado a la humanidad a largo de la historia. Por ejemplo, el opio se ha usado con propósitos medicinales desde hace 3,500 años; encontramos referencias al uso de cannabis (marihuana) en la herbolaria de la antigua China; son frecuentes las menciones del vino en la Biblia y los nativos de los antiguos pueblos americanos fumaban tabaco y masticaban, como ocurre todavía, hojas de coca. Pero el consumo de esas sustancias fue haciéndose problemático cuando el uso dio paso al abuso, a las adicciones y a nuevas formas de empleo y administración. Los trastornos por el uso de sustancias tóxicas constituyen condiciones psiquiátricas complicadas en las que intervienen factores tanto biológicos como ambientales. En las siguientes entregas mencionaremos los problemas clínicos que se asocian con el uso y el abuso de sustancias como el alcohol, las anfetaminas y metanfetaminas, la mariguana, la cocaína y otras drogas, incluidos los calmantes, los hipnóticos y los...
por Fernando Massa | Ene 25, 2016 | Uncategorized
El abuso sexual intrafamiliar El incesto puede definirse en sentido estricto como la relación sexual entre familiares consanguíneos, por ejemplo, entre una menor y su padre, tío o hermano. En un sentido más amplio, incluye la relación sexual entre una niña y su padrastro o hermanastro. Aunque el incesto más común es el padre-hija, también puede ser de la forma padre-hijo, madre-hija o madre-hijo. En general, el abuso sexual conlleva una serie de pasos que parten de un leve acercamiento y llegan a un verdadero asalto sexual por parte del perpetrador. Un niño o niña seguro de sí mismo puede rechazar abiertamente el acercamiento ya sea verbalizando su disgusto o estableciendo distancia del agresor. Cuando la víctima es débil, insegura o incapaz de darse cuenta de las intenciones del abusador, suelen tener lugar las siguientes fases: a) Acercamiento. El abusador establece una relación especial, de favorito, con la víctima. b) Interacción sexual. La conducta sexual progresa hacia formas más intrusivas de abuso. Cuando esta fase continúa, la víctima se siente confundida y asustada, porque no sabe cuándo se le acerca el perpetrador como figura sexual o parental. c) Secrecía. El abusador amenaza a la víctima para que calle. d) Revelación. Un tercero descubre accidentalmente el abuso al presenciar lo que ocurre, o bien, el menor lo cuenta a otro adulto pidiendo ayuda o recibe atención médica y alerta al profesional a plantear las preguntas correctas. e) Supresión. Con frecuencia el menor se retracta de lo que ha dicho en la fase de revelación, ya sea por presión familiar o porque así lo requiere su propio proceso mental, es decir,...
Comentarios recientes