por FERNANDO MASSA | May 1, 2017 | Noticias
La necesidad de explicar el cerebro humano, también conocido como “la estructura viva más compleja del universo”, ha alentado el desarrollo de nuevas tecnologías que permiten a la investigación neurocientífica profundizar en la comprensión de ese pequeño órgano que controla todos los aspectos de nuestro cuerpo, desde el ritmo cardíaco y la actividad sexual, hasta el aprendizaje, la memoria y nuestra vida emocional, con sus creencias, sueños, deseos, fantasías, placeres, displaceres y todo aquello que reconocemos como propio de la mente. Quizá para los neurocientíficos el objeto principal de emplear tecnologías sofisticadas en el estudio del cerebro y el sistema nervioso central sea avanzar en el conocimiento de los procesos físicos que subyacen a las sensaciones y a la conciencia, pero los resultados que se alcanzan tienen por fortuna una aplicación inmediata en el campo de la neurología, la psiquiatría y la psicología: se planean de otro modo las intervenciones quirúrgicas, se diseñan nuevos productos farmacéuticos, se detectan rápidamente enfermedades mentales y se hace posible predecir algunos comportamientos. En el plano de la investigación y en el sistema hospitalario del más alto nivel se cuenta con equipos de tomografía computarizada, resonancia magnética, tomografía de emisión de positrones, resonancia magnética funcional, etc., sin perjuicio de que se hayan desarrollado equipos accesibles tanto al médico como al paciente, que resultan fundamentales para el diagnóstico y tratamiento de trastornos neuropsicológicos o neuropsiquiátricos. En la página web www.drmassa.com.mx ofrecemos una explicación de los equipos con que contamos para el análisis cuantitativo de la actividad eléctrica cerebral (qEEG) y la tomografía de baja resolución electromagnética (LORETA), que permiten el análisis de las distintas ondas...
por FERNANDO MASSA | Abr 24, 2017 | Noticias
EL CIRCUITO DEL MIEDO Y LA EMOCIONES Hace más de un siglo, la investigación neurológica permitió descubrir la amígdala cerebral, una pequeña estructura neuronal con forma de almendra que se localiza en lo profundo de los lóbulos temporales y está presente tanto en los animales vertebrados como en los humanos. Al observar en el laboratorio que los mamíferos que presentaban daño en la amígdala parecían no temer a sus posibles predadores, como lo hacían los mamíferos sanos, comenzó a pensarse que la pequeña estructura tenía entre sus funciones la de regular la respuesta instintiva (paralizante o lucha/huida) que animales y humanos pueden tener ante el peligro. Quizá a partir de entonces, pero todavía en épocas muy recientes, se pensó en la amígdala como la responsable de enviar señales excitatorias a otras partes del cerebro ante situaciones de amenaza o riesgo, y se le identificó como “el centro del circuito cerebral del miedo” y como causante de los altos niveles de estrés, la angustia y la ansiedad. Muy recientemente, sin embargo, el connotado neurocientífico Joseph Le Doux ha señalado, con toda razón, que la ansiedad y el miedo humanos son sumamente complejos y requieren de una explicación que contemple no solo la parte puramente fisiológica, que los entiende como una respuesta inconsciente a lo amenazante, sino también la parte emocional, la conciencia de que se tiene miedo, la interpretación y la serie de asociaciones que hace un individuo a partir de su reconocerse temiendo. Como dice Le Doux, solo un humano es capaz de despertar en la madrugada angustiado, por ejemplo, por lo exiguo de sus ahorros o porque se...
por FERNANDO MASSA | Abr 3, 2017 | Noticias
Ansiolíticos 2 Si bien la ansiedad es parte normal de nuestra vida, pues siempre hay algo por qué preocuparse, pero no todos alcanzamos los mismos niveles de ansiedad ni somos igualmente capaces de controlarla. Según estadísticas de los Estados Unidos, la ansiedad es el principal problema psiquiátrico de ese país, y probablemente del mundo. De ahí también que las benzodiacepinas, una vez que hicieron su aparición en el mercado fines de los años cincuenta, sean uno de los psicofármacos de mayor consumo, además de por su efectividad, porque su acción tiene diversos usos clínicos, dependiendo de su potencia y farmacocinética. Como ansiolíticos, las benzodiacepinas se emplean para aliviar la ansiedad pura, los trastornos de pánico y las fobias. Como hipnótico, es un gran inductor del sueño y un fármaco ideal contra el insomnio. Como miorrelajante, se le emplea en pacientes que sufren espasmos musculares y trastornos espáticos. Como anticonvulsivo está indicado lo mismo en el caso de ataques causados por intoxicación por drogas que en algunas formas de epilepsia. Porque entre sus efectos está un breve deterioro de la memoria, se le emplea también como sedante preoperatorio. A pesar de estas diferencias, todas las benzodiacepinas actúan aumentando la acción de una sustancia química natural del cerebro: el neurotransmisor inhibitorio GABA (ácido gamma-aminobutírico) cuya función es la de comunicar a las neuronas con las que se pone en contacto que disminuyan su velocidad o que dejen de transmitir; esto significa que GABA tiene un efecto natural tranquilizante que, en caso necesario, se ve incrementado con la ingesta de benzodiacepinas. Por su distinto uso clínico, por la necesidad de valorar las...
por FERNANDO MASSA | Mar 27, 2017 | Noticias
Ansiolíticos 1 La búsqueda de sustancias que ayuden a la relajación y/o a la inducción del sueño parece formar parte de la historia humana. Por lo menos así puede entenderse el uso curativo que se dio en la antigüedad al alcohol o al opio. Todavía a fines del siglo XVII, el médico inglés Thomas Sydenham, consideraba que el opio había sido creado por Dios para “dar consuelo a los que sufren”. En el siglo XIX, cuando ya se habían reconocido las propiedades adictivas y los efectos indeseados de los derivados del opio y del alcohol, comenzaron a emplearse como sedantes algunas sustancias como los bromuros, que habían mostrado su efectividad en el tratamiento de la epilepsia, aunque la propia enfermedad era muy mal entendida en aquel entonces. A principios del siglo XX se introducen en la medicina los barbitúricos y otros compuestos como la metacualona, que pronto mostraron generar alto grado de dependencia, ser sumamente tóxicos e incluso mortales en caso de sobredosis. Así llegamos a la aparición de la primera benzodiacepina, descubierta en 1957 más o menos por azar, que mostró efectos anticonvulsivos, hipnóticos, ansiolíticos y relajantes musculares. A partir de entonces comenzaron a sintetizarse centenares de compuestos de esta sustancia, de los que todavía están en uso muchos de ellas. Paralelamente, a lo largo del siglo XX, la investigación psiquiátrica en torno a la ansiedad avanzó no solo en la distinción de los síntomas ansiosos, sino en el establecimiento de criterios diagnósticos que permiten reconocer diferentes formas del trastorno. Los más frecuentes en la clínica psiquiátrica son: Trastorno de ansiedad generalizada Trastorno de pánico Trastorno obsesivo-compulsivo Trastorno...
por FERNANDO MASSA | Mar 20, 2017 | Noticias
Antidepresivos 2 Tanto los antidepresivos tricíclicos como los IMAO, descubiertos por azar en la primera mitad del siglo XX, fueron un gran alivio para un altísimo porcentaje de personas deprimidas (se calcula que funcionaron en un 60 – 80% de los casos en los Estados Unidos), pero, además de que no habían sido sino un primer paso en la comprensión de la depresión como un desequilibrio en la neurotransmisión, sus efectos secundarios incluían enlentecimiento y aumento de peso severos, así como riesgo de muerte por sobredosis, lo que obligaba a la búsqueda de una mejor droga. Así fue como a partir de 1974 surgieron los antidepresivos ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), encabezados por la fluoxetina (Prozac), seguida por otras sustancias como paroxetina (Paxil), sertralina (Altruline), escitalopram (Lexapro), etc. Aunque la propiedad fundamental de estos fármacos es cambiar el equilibrio de la serotonina para mejorar el envío/recepción de mensajes químicos entre las neuronas y, de ese modo, mejorar el estado de ánimo incidiendo selectivamente en la serotonina y no en otros neurotransmisores, cada uno de estos antidepresivos actúa de manera ligeramente diferente, lo que permite al psiquiatra, una vez hecha la evaluación y el diagnóstico, elegir el que más conviene para los trastornos que se benefician de los ISRS: Depresión mayor y distimia. Trastorno de angustia. Trastorno de ansiedad generalizada. Trastorno obsesivo-compulsivo. Fobia social. Trastorno por estrés postraumático. Bulimia. Trastorno disfórico premenstrual. Poco después de los ISRS, aparecieron también en el mercado antidepresivos que actúan no solo sobre la serotonina, sino también sobre la noradrenalina o norepinefrina, pero sin incidir de manera importante en otros neurotransmisores y,...
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